Hace casi dos meses descubrí que algo en el lado derecho de mi cuello se había formado, después de los exámenes pertinentes, me detectaron un tumor en la tiroides, que me extirparán en unas 30 horas.
No pretendo escribir sobre los detalles médicos, mis temores y ansiedades sino sobre algunas cosas que hasta este punto de mi camino he aprendido con mi enfermedad y que quiero compartir.
Hace unos días tomé conciencia de que el amor ha estado y está presente en mi vida de miles de formas que antes no quería ver porque mi visión de la vida estaba sesgada por mi ego. No soy una persona expresiva, me cuesta mucho abrir mi corazón y compartir lo que siento, incluso con las personas más cercanas a mí; sin embargo, quiero dejar por escrito que amo a mi familia... en estos días he sentido un terremoto interior cada vez que pienso en ellos y quiero escribir sólo para expresarme.
Ayer le escribí un correo a mi papá con el corazón abierto, era mi necesidad decirle cosas que nunca le dije y que quizá de otro modo me habría sido difícil expresar; hoy me respondió y me quedé sin palabras, sólo siento un inmenso amor, agradecimiento y felicidad, las emociones son más sólo que es inútil explicar con palabras lo que siento dentro de mi ser. De alguna manera siento y pienso, que he encontrado un camino para reparar antiguas heridas que están comenzando a cicatrizar. No diré que he tenido una buena relación con mi padre, sería una absurda mentira; las cosas no siempre fueron lindas ni tampoco feas… simplemente fueron, y es lo que he logrado comprender desde el corazón. Antes mi visión de él estaba desintegrada, tenía contenidas emociones que me dificultaban verlo y aceptarlo como es, y eso influía en la distancia que elegí sembrar entre los dos. No sé como estarán las cosas en el futuro, pero hoy me siento responsable, honesta y madura. Revisando que me pasaba internamente, conecté con un concepto que aprendí hace unos meses: Reparar… y es que eso es lo que siento que me está pasando. La respuesta de mi padre estuvo inesperadamente llena de amor en cada palabra, me contó cosas desde el día en que nací hasta el amor que me tiene hoy a mis 33 años, de alguna manera algo se está empezando a acomodar dentro mío y me siento en paz.
Mi hermana Maika, ha sido la tejedora de un milagro que nunca esperé recibir; el día que me confesó su travesura me pasaron muchas cosas internamente, mi ego reaccionó en vez de mí y me tomó varios días aprender una gran lección: Recibir amor está bien… aceptar que no soy autosuficiente y que necesito de otros; es una oportunidad de explorar otros lados míos que aún me son desconocidos. A través de la iniciativa de mi hermana, que organizó una actividad para colaborar con los gastos de mi operación; tropecé con la sorpresa de saber que afuera hay personas entre familiares, amigos y desconocidos, que quizá sin saberlo colaboran con una cadena que se inició con amor, por una mujer maravillosa que está dando el corazón y la vida por mí. Es algo que nunca olvidaré y estaré eternamente agradecida contigo Maikamaria y con cada una de las personas que me están ayudando; más allá del agradecimiento desde el lado económico; quiero decirles que ese gesto me conmueve y lo tomo como una oportunidad para mirar aspectos de la vida que antes pasaban desapercibidos para mí porque me sonaban abstractos y no comprendía su real significado y el impacto que podrían producirme. Hablo puntualmente de la fe, la esperanza, el compromiso; nuevamente el amor, la solidaridad y la humildad… y cierro estas líneas con esa palabra, por ser una de las cosas que más ha impactado descubrir en el aquí y ahora de mi vida.
Mi mamá, mi hermana Pat, mi bebita Valentina y mi Ari son las estrellas que iluminan y guían mis días. Las menciono a todas juntas porque el domingo tuvimos la oportunidad de compartir juntas el cumpleaños de mamá; fue saludable contactarme con mi niña sana y dejarla salir a jugar en el parque por primera vez con parte de mi loca familia; me sentí espontánea, juguetona, libre… natural y he guardado en mi memoria y mi corazón ese momento de cálido frío, la cometa que nunca voló, las caritas pintadas y vueltas a pintar, el baile de la piñataaaaaaa y tantos instantes perfectos que transformaron en algo mi vida, las amo y las amaré eternamente... Mis sobrinas Vale y Ari son mis maestras de vida; me enseñan sobre inocencia, entrega, deleite, ilusión, sueños… Patita eres luz, siempre te veré como mi bebé, aún ahora que te has convertido en una gran mujer; te admiro por ser tú, por tu nobleza y tu gran corazón; me lleno de energía y alegría contigo, eres como una chispa de luz para mí… Mamá eres mi centro, recibo tu amor en cada llamada, en tus abrazos y besos, en tus ganas de tenerme cerca para engreírme, en tu ejemplo, en tu mirada inocente y pura, en tu comprensión y apoyo infinitos en las buenas y en las no tan buenas, en tu aceptarme como soy y amarme.Son muchas cosas las que he aprendido hasta el momento con mi enfermedad, algunas las reservo para mí por pertenecer a una conexión sagrada, más allá del bien y del mal, del tiempo y el espacio… unidad cósmica y eterna, fusión perfecta de cuerpo, mente y alma reflejadas en un símbolo infinito y eterno… Ésta es una parte del camino que elijo continuar con responsabilidad y conciencia; confío en que seguiré encontrando milagros de amor en cada amanecer y agradezco al universo por estas pequeñas grandes lecciones; me siento tranquila, emocionada y amada… Estoy lista para vivir el resto de mi vida desde la autenticidad y el amor…
Claudia Cisneros Ortiz


me alegra muchísimo leer estas líneas Claudia, tan llenas de transparencia y naturalidad, sin embargo aún, creo que, falta encontrarte con un amor más grande que lo trasciende todo: El amor de Dios manifestado en su Hijo Jesucristo, nuestro Señor. Feliz Navidad! Espero que nos podamos ver, estoy de vacaciones en Lima por fiestas. Un fortísimo abrazo
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