Hoy retumba en mi interior la sensación de que he perdido los últimos treinta y dos 30 de setiembres de mi vida, y no quería dejar pasar un año más sintiéndome desconectada de mi propia vida.
Este día no tiene nada especial para mí, simplemente hoy hice una parada intempestiva a mi rutina y me percaté con gran parte de mi ser que estoy viva… que siento… que pienso… que sueño… que lloro… que sufro… que río… que me ilusiono y me desilusiono… que camino y que me tropiezo y que me caigo y que me levanto… que aprendo… que disfruto… que amo… que me entrego… que río…
No quería dejar otro día tan simple y maravilloso como este treinta de setiembre en que me percato que mi corazón late, y late, y sigue latiendo...
Hoy me di cuenta que a pesar de todo el amor, deseo, voluntad, entrega y todo lo lindo que tengo dentro de mí; también hay espacios que no lograré llenar jamás y me inunda la tristeza.
Acabo de ver una escena de amor puro y verdadero diferente al que conozco, ya había visto chispazos de ese sentimiento otras veces, pero hoy fue diferente, algo explotó dentro de mi corazón hacia adentro. No siento fuerzas, ni hambre, ni sueño; sólo sé que estoy viva porque veo, escucho, escribo, percibo que no pienso con claridad y es por la conmoción de darme cuenta que a veces soy egoísta, que en mi deseo de ser feliz a veces pierdo el foco de lo que es importante para los demás. Quisiera desaparecer, que me trague la tierra… si, me siento cobarde y no sé cómo enfrentar esta nueva realidad; me siento perdida, profundamente confundida, pero viva... estar así también es sentirme viva y es maravilloso aunque no logre esbozar una sonrisa en mi desencajado rostro.
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